-Ya no lloro por las mismas cosas
que antes- dijo ella. Vi como crecía, como ya no entraba en el sillón que
compartíamos. El cuerpo se le llenaba de otros lugares, más profundos y
frondosos. Llorar en el momento exacto del llanto, Ahí sentada en la butaca del
teatro y no en el asiento del subte. Que los asuntos se liberen en el mismo
instante en que nos poseen, después espacio infinito en el cuerpo para lo que
viene, que ya está ahí.
*Foto Lucia Chain (flickr Cobrakiller)



















