sábado, 23 de julio de 2011

Costumbres

Esto no es por vos. Aunque lo parezca, no es por vos. Esta soy yo en el ejercicio de evadirme. Excusas simples, armadas con lo que venga a la mano.  Tu cara, una risa, cajas de cartón, un pic nic en la plaza, maquillaje, un libro, él. Y, de hecho, cualquiera de ellos. 

domingo, 17 de julio de 2011

Sobre los rituales

-Los rituales son necesarios- dijo mi amigo. Por esto,  para él, el trigo dorado era su pelo.  Para aquel  las estrellas florecían todo el tiempo y para mi, mi boca apretada y pequeña es tu cara en mi cara.  Años completos de rituales acumulados en el cuerpo, para mantenerlos vendí mucho de mí. Ellos ganaron: Un cielo florido, un campo más bello. Yo arrastré casas vacías a donde quiera que fui y me perdí.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Viajera del espacio interior

Se sumerge el individuo, escafandra oxidada de la mente, ojos bien cerrados, estampitas sudadas de fe. Muchos pasillos, muy estrechos. Muchos pasillos. Ojos bien cerrados: Eso igual lo veo, lo sé, lo veo. Tres, dos, uno, despierta al chasquido de dedos. Guantes demasiado gruesos, chirridos de la goma pero ningún clic. Adiós viajero, adiós.

jueves, 14 de abril de 2011

De viajes inconclusos

Le dije que lo adoraba y que lo iba a extrañar, y esas dos veces lloró. Yo lloré todo el camino. Pero él quiere ir de viaje solo. Yo tenía las valijas listas, tres en total. Ahora cada prenda que vuelve a su cajón me quema las manos. Esa era toda la ropa que quería usar para que saliera en las fotos. 

viernes, 8 de abril de 2011

martes, 5 de abril de 2011

La primera



Esto ya duele. Como caminar la casa vacía donde solía habitar.  No sé si quiero seguir jugando, estoy perdiendo mis fichas. No puedo leer tus gestos, ni las cosas en que pensás. Se me parte la garganta como si se partiera en mil un hueso, porque quiero decirte esto: 
Esto ya duele. Perdí.

viernes, 21 de enero de 2011

La farolera



Arrastro los barcos hacia el mar. 
Los barcos, llenos de hombres muertos de sed. Arrastro los barcos hacia el mar con mi luz de faro solitario. Arrastro las maderas a la profundidad, y a sus hombres. Y las maderas no flotan. Y los hombres no flotan. Los entierro en la profundidad como objetos preciosos, brillantes. Así los recuerdo, todos los cadáveres son míos.

martes, 28 de diciembre de 2010

Entrada y luz y trizas.


Soy una sombra cubriendo la habitación, si prendes la luz desaparezco. Estalla el telón ennegrecido de mi cuerpo y sólo quedan sombras pequeñas proyectándose, espías y ásperas, detrás de los muebles blancos de la habitación, pintados así para combatirme. Entonces, este es el campo de batalla, y esa es tu mano cercana al interruptor, a punto de romperme.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Terrestre

Yo no sé de cosas terrestres. Sólo sé de piruetas sobre mi misma. De espacios oscuros como abismos intermitentes. De luz prestada y efímera. De calor distante. Sé de asteroides llenos de flores y de príncipes ausentes, quizá fugitivos. Sé de magníficos pilotos de tormenta con récord en aterrizajes forzosos. Se estrellan sobre mi y rasgan mi superficie. Escarban en busca de oro y yo se los permito. Pero no lo hay.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

De cara a la pared


A veces los otros parecen endurecidos, rígidos, impenetrables. No se ondulan ante mi tacto. Mis señales llegan hasta sus superficies, rebotan y vuelven a mi como un silencio mortuorio, como una redundancia. Y parecería que no hubiera nada. Ni para mi, ni para ellos. ¿Cuántas veces quién habrá estado de cara a la pared de mi cuerpo, frente a mi completa ausencia?

viernes, 9 de julio de 2010

La marea alta


Tus palabras son la marea alta. Inesperada marea alta. Olas gigantes que son mounstros. Fauces de monstruos de agua voraces vienen por mi. Me toman por sorpresa. Tus palabras son la marea alta. Tu mano (una ola) ahogándome. Tu mano (una ola) hundiendo mi cabeza en el agua. Necesito branquias para respirar. O convertirme en caballito de mar.

lunes, 7 de junio de 2010

No festejamos las pérdidas

No hervimos té en hebras, ni colocamos nuestras tazas favoritas sobre la mesa. Tampoco horneamos un bizcochuelo a base de yogurt (dos medidas de harina, una de azúcar, media de aceite y un yogurt) durante una hora y cuarto. No se nos ocurre adornar con flores frescas el centro de la mesa para perfumar el ambiente, ni siquiera para alegrarnos. No tenemos de qué alegrarnos. No festejamos las pérdidas. Ninguna de nosotras. Aunque ella sepa que está bien. Aunque yo sé que era necesario. Todas sabemos. Aún así no festejamos las pérdidas. Sentadas alrededor de la mesa la comida se nos asemeja a un funeral y las flores en el centro son el cadáver. Y también el olvido.

lunes, 31 de mayo de 2010

Jugar


Dijiste —Hola— y yo respondí a su vez (hola)

–¿Cuántas letras tiene tu nombre? – Preguntaste.

–¿Cuál de todos? – Respondí.

En ese momento notaste que mi cara eran muchas

caras, que mi boca iba cambiando de forma

conforme pronunciaba cada uno de mis nombres.

Mis ojos eran muchos ojos, pero todos míos, y todos de colores distintos.

Y te alejaste. Ninguno de mis rostros era el rostro que buscabas.

sábado, 10 de abril de 2010

La espera

He viajado a la deriva en un barco hecho de mi cuerpo. Mi piel es sal impregnando el océano. Mi cuerpo un fragmento del olvido. He esperado largo tiempo. El océano es calmo e inmenso. Pero los tiburones vendrán.

martes, 9 de marzo de 2010

Desarmarse

Queda sombra y vacío donde estaban las piezas de mi cuerpo. Aún así, gano vida en ese desbaratarme silencioso e insospechado. Se apoderan de mi las voces, las personas, los lugares. Me desarmo: mi mano tiene otro nombre, mi pelo pertenece a alguien más, mi boca habla palabras que desconozco y mi voz es un eco lejano y salvaje.

Los otros también se desarman, y cada uno toma lo que puede en un intento por reconstruirse. Pero esa persona ya no somos nosotros, sino pequeños pedazos de muchas vidas, muchos mundos y muchas muertes.

viernes, 19 de febrero de 2010

Deseo

Y sin embargo deseo cruzarte. Aunque tus palabras no lleguen hasta mi. Aunque mi paraguas transparente me obligue a mirar el cielo. Porque este asunto vuelve a mi con insistencia: La lluvia, la sonrisa, la promesa. Y deseo cruzarte por la vereda. Y que me veas, y notes en mi lo que viste la primera vez. Cuando viajaba en mi bicicleta, cuando estaba sentada frente al almacén. Y puede suceder que nos tomemos de la mano y volvamos a bailar juntos, entre la vereda y la calle, en un mundo nuestro. O puede suceder que mis oídos queden sordos en el preciso instante en que pronuncies mi verdadero nombre, y yo siga caminando de espalda a tus ojos sonrientes, como si no reconociera tu voz. Entonces el mundo que era nuestro se parte en dos y cada uno es rey de un hemisferio. Pero allí se está solo.

sábado, 23 de enero de 2010

Mi risa

Nunca supe como reír. Siempre imaginé que mi risa estaba encapsulada en el centro de mi cuerpo, atrincherada contra la tristeza. Miedosa de que esa palabra tuviera el poder para borrarla por completo. Ensayé varias veces como sería su sonido por si alguna vez decidía mostrarse, hacerse oír, resplandecer en el aire. Pero mis ensayos no fueron más que estrepitosos fracasos de risas rotas, de risas asfixiadas, de risas forzadas, de risas plásticas. En fin, de risas que no eran más que cáscaras vacías. Siempre que río, lo hago como ensayé y mis risas caen al suelo pesadas y opacas. El aire no puede sostenerlas, no puede hacerlas brillar.

sábado, 16 de enero de 2010

La hermandad de la Luna

Blancas. Morenas. Pies descalzos surcando la arena hirviente como si fueran suaves amapolas. Manos unidas unas a otras, conectadas en lo más hondo, buscando sus periferias, rozando sus superficies. Sus ojos se miran y ríen. Ellas mismas se han dado sus propios nombres, que riman. Fueron hechas las unas para las otras. Se pertenecen. Recorren un desierto árido y espeluznante, erizado de soledad. Pero el desierto no puede tocarlas. Rompen la monotonía del paisaje agrietado con sus cuerpos. La luz del sol se proyecta sobre ellos como lo hace sobre la Luna. Y ellas lo abrazan en la delicadeza de su caminar, en su unión, en sus fuerzas para llevarse unas a otras. Suena para ellas un cascabel que las embriaga y surge de entre los resabios de la arena volátil un cuerpo frágil y bello que clama ayuda. El círculo se abre pero no se rompe y sus manos limpias se enlazan a la recién llegada. Lunas enteras pasan por sobre sus cabezas antes de que empiecen a caer muertas sobre la arena. Antes de que empiecen a quemarse. Y el cascabel suena más fuerte. La soledad las corrompe, las desarma, las ensombrece. Ha ingresado al circulo un cuerpo que puede retorcer las almas. Empequeñecerlas, hacerlas desaparecer. Capaz de hacerles olvidar sus verdaderos nombres, sus verdaderas causas, sus lazos insondables. Una piel fría y rugosa envuelve sus tobillos. Y comienzan a caer. Blancas. Morenas. Caen y se queman.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Oscilar

Oscilar. Entre ser sombra entre las sombras. O un pequeño resplandor. Entre ser carcajada que nace desde el centro del estómago e inunda la garganta y la boca. O llanto silencioso y seco de mirada perdida en el techo oscuro de la habitación, colgando de la lámpara ideas que no pueden explicarse con las palabras que conocemos. Oscilar. Entre ser la sonrisa prometida cuando llueve, o ser una con la lluvia. Oscilar. Entre pasar el peso muerto de mi cuerpo de un pie a otro, o bailar en la calle. Oscilar. Entre ver la Luna, o una cara o una liebre. Oscilar.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Exilio

                                                 I
Su sonrisa crea la mía, adivina mi necesidad de risas, quiere diluir mis sombras. Su mano envuelve mi mano en un calor calmo de luz tibia de sol en la cara.
Mi hogar está donde él se encuentre.
                                 II
El fantasma de su cuerpo sobre el mío enfría mi alma, rompe las risas, deja la casa en silencio. Nada ha sido tan difícil como decirle adiós.
                                  III
Ya no puedo permanecer en casa. Decirle adiós es mi exilio.