Iviernes, 20 de noviembre de 2009
Exilio
Ijueves, 6 de agosto de 2009
Amor dado por perdido
miércoles, 1 de julio de 2009
Huir

domingo, 1 de febrero de 2009
Te deje en Irigoyen

Te dejé en Irigoyen. En esa estación en la que una vez, al pasar fugazmente, vi el atardecer plasmarse entre el contraste de las sombras de viajeros, que sentados sobre los bancos de aquella estación esperaban a la vida para impregnar sus pobres cuerpos.
¿Puedo esperar que hayas leído lo que mi mirada tuvo para decirte, o lo que mi sonrisa dijo a pesar de la tristeza? No fueron mentiras tejidas en mi cara, pero apenas si podemos entendernos con palabras, con esa limitación que traen impresas ¡como si ya no tuviéramos suficientes vergüenzas en el alma!
Aunque ahora te esté recordando, elegí esa estación, por que es la estación del olvido, bajar en Irigoyen, respirar su aire, su viento de amnesia, y volver como recién nacidos.
A pesar de eso, hay otro olvido en Irigoyen, es aquel que atrapa a sus pasajeros, entre el rechinar de metales, el ruido de las bocinas lejanas y el misterio de sus andenes vacíos. Tuve que arriesgarte a ese olvido, con el temor de que caminaras junto a esas vidas que no saben quienes son.
Sobre éste tren que parte hacia un lugar distante, miro atrás, contemplo tu figura alejarse, volverse sombra. Allí es cuando me parece ver como cada uno de los encantos de Irigoyen te va rodeando, y haciendo gala de sus maromas te vuelven parte de él.
lunes, 26 de enero de 2009
Desierta

Nacen flores marchitas de mi cuerpo a causa de tu descuido. Tu silencio irrumpe en mi azotando mis confines como un viento de fuego. Cielo desierto muerto de sed, manos agrietadas luchando contra el castigo del sol. Nunca más tu cuidado, tu cadena. Desapareces en los vaivenes de la arena. Otra vez el fuego te arrastra, me arrasa. Y me quedo acá: desierta de vida, poblada de ausencia.
lunes, 22 de diciembre de 2008
La sombra de un fantasma

No importan las circunstancias, los motivos, ni las acciones o más bien sus ausencias. Sin invitación, y sin creerle al principio, vino y se sentó a mi lado ¿Se puede creer tanto descaro? Pero así fue, se instaló a mi lado, firme, sin razones sin decir una palabra. Me acompañó todo el día, hora tras hora con paciencia me seguía en cada uno de mis quehaceres y descansos. A veces me tomaba la mano, con suavidad, con delicadeza que se sentía tan erosionada, tan amarga. Se colocaba frente a la ventana y variaba su posición de acuerdo al lento movimiento del sol, vigilaba con insistencia su sombra para que siempre se proyectara sobre mi cuerpo. Y su sombra me envolvía, su mano se enredaba en mi mano, había nacido quién sabe de que profundo dolor, rencor, o recuerdo olvidado y no había razones, al menos que se revelaran ante mi para justificarlo ¡Y no tener razones es una verdadera molestia! Un mecanismo que no cierra, una tuerca floja a punto de caer. Y este ser junto a mi, con su cuerpo haraposo y translucido, abrazándome, llenaba mi soledad con su presencia abismal. Ese día en que mi mente no rozaba las orillas de ningún recuerdo en particular, no anclaba en ninguna pena pasada, o en asuntos sin barnizar, se posó a mi lado este ser, este sentimiento, mezcla de furia y tristeza, dolor y desesperanza, cansancio y agobio. Y me tomó, me abrazó, me envolvió. Me llevó a otro lado de mí, a esa parte que en batalla silenciosa se enfrenta a las otras partes de mi persona, de mi alma.
martes, 9 de diciembre de 2008
Exprimidor
lunes, 8 de diciembre de 2008
Tu risa
Tu risa se apagó

Se agotó
Se extravió en la lejanía
Se perdió
Y aun puedo oírla
Y me trae una melancolía
llena de fantasmas,
de viento de primavera
que llena y vacía mi corazón.
Pedir que no mueras
puede ser mucho pedir. No te apagues.
A lo lejos veo alejarse nuestras almas, volátiles,
buscando el cielo.
Y somos dos barriletes a la deriva
hechos de un papel muy frágil y de un sueño.
Perdernos, anudados el uno al otro, puede ser
una nueva forma de encontrar aquello que nos llevó a
conocernos. Esa fórmula intrincada de la vida
de unir líneas, de fortalecernos ante el vasto universo.
No quiero perderte (No te apagues) pero no somos eternos
sino simplemente una despedida latente, un perfume que se va.


