martes, 30 de agosto de 2011
Esto es mío
A la mierda. Te abollo el portón por gil. Me abollo a mi también.
A veces siento que me tomaste el pelo.
sábado, 27 de agosto de 2011
Charla de café
Idiota
jueves, 25 de agosto de 2011
martes, 23 de agosto de 2011
Bitácora
*Foto Missjan (Flickr)
domingo, 21 de agosto de 2011
De Nina y Santiago
sábado, 20 de agosto de 2011
estoy flaqueando con los títulos: a decir verdad nunca me consideré buena.
lunes, 15 de agosto de 2011
domingo, 14 de agosto de 2011
Papel higiénico
sábado, 23 de julio de 2011
Costumbres
domingo, 17 de julio de 2011
Sobre los rituales
miércoles, 25 de mayo de 2011
Viajera del espacio interior
jueves, 14 de abril de 2011
De viajes inconclusos
viernes, 8 de abril de 2011
martes, 5 de abril de 2011
La primera
Esto ya duele. Como caminar la casa vacía donde solía habitar. No sé si quiero seguir jugando, estoy perdiendo mis fichas. No puedo leer tus gestos, ni las cosas en que pensás. Se me parte la garganta como si se partiera en mil un hueso, porque quiero decirte esto:
Esto ya duele. Perdí.
viernes, 21 de enero de 2011
La farolera

martes, 28 de diciembre de 2010
Entrada y luz y trizas.

Soy una sombra cubriendo la habitación, si prendes la luz desaparezco. Estalla el telón ennegrecido de mi cuerpo y sólo quedan sombras pequeñas proyectándose, espías y ásperas, detrás de los muebles blancos de la habitación, pintados así para combatirme. Entonces, este es el campo de batalla, y esa es tu mano cercana al interruptor, a punto de romperme.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Terrestre

Yo no sé de cosas terrestres. Sólo sé de piruetas sobre mi misma. De espacios oscuros como abismos intermitentes. De luz prestada y efímera. De calor distante. Sé de asteroides llenos de flores y de príncipes ausentes, quizá fugitivos. Sé de magníficos pilotos de tormenta con récord en aterrizajes forzosos. Se estrellan sobre mi y rasgan mi superficie. Escarban en busca de oro y yo se los permito. Pero no lo hay.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
De cara a la pared

A veces los otros parecen endurecidos, rígidos, impenetrables. No se ondulan ante mi tacto. Mis señales llegan hasta sus superficies, rebotan y vuelven a mi como un silencio mortuorio, como una redundancia. Y parecería que no hubiera nada. Ni para mi, ni para ellos. ¿Cuántas veces quién habrá estado de cara a la pared de mi cuerpo, frente a mi completa ausencia?
















