Plantar un árbol de los mimos en la puerta de mi casa pretérita, que lo cubra todo. Las manos se cansan con el paso de los años, el árbol crece a sus anchas al lado mío. Poder salir al patio a la mañana y guardar en el cuerpo el recuerdo de frescura, de intermitencia de sol, de plumeritos suaves y aromáticos de Acacias sobre mi frente. Tan sólo obligo su lugar, pero mientras lo planto le prometo que las cañerías están cerca, le explico: no me importa bañarme con agua fría mientras cada tanto caigan dos o tres flores que me sorprendan, que yo espere como navidad.
*Foto Lucia Chain (Flickr Cobrakiller)